Son das Flores: cinco años transformando el Barrio de las Flores a través de la música.

 

En una comunidad marcada por la interculturalidad, los desafíos socioeconómicos y la escasez de espacios culturales, Son das Flores se ha consolidado como mucho más que un proyecto musical. Nacido en el CEIP Vicente Risco, en Vigo, esta iniciativa social y pedagógica se posiciona como una propuesta de innovación educativa e inclusión social.

Para conocer más sobre esta experiencia, conversamos con Sandra Fernández, docente de música del centro, impulsora del proyecto y actual presidenta de Son das Flores.

Una respuesta a las necesidades del barrio.

Como bien afirma Sandra, “el proyecto surge de una necesidad, y por eso funciona”. La iniciativa nació para responder a varios retos presentes en la comunidad: la falta de actividades extraescolares accesibles, la necesidad de prevenir el fracaso escolar, la ausencia de oferta cultural en el entorno y la importancia de favorecer la convivencia entre personas de diferentes nacionalidades. “Transformar su realidad a través de la música, ofrecer una oferta cultural y ayudarles a convertirse en sus propios agentes de cambio”, resume la docente al explicar la filosofía que guía el proyecto.

Mucho más que música.

Los primeros pasos de Son das Flores estuvieron marcados por la falta de recursos, pero también por la creatividad. Ante la ausencia de instrumentos, el alumnado comenzó construyendo instrumentos de cartón junto a sus familias. Esta etapa inicial permitió familiarizarse con la práctica musical al tiempo que fortalecía la implicación familiar y el vínculo con el proyecto.

Con el paso de los años llegaron las donaciones de instrumentos, el apoyo de personas voluntarias y diversas campañas de financiación colectiva. Lo que comenzó como una pequeña orquesta escolar cuenta hoy con cuatro orquestas, un coro y 75 participantes.

Sin embargo, Sandra insiste en que la música nunca ha sido un fin en sí mismo: “Es más que música; la música es solo la herramienta”.

A través de la práctica musical colectiva, el alumnado desarrolla habilidades relacionadas con la concentración, la atención y el rendimiento académico, pero también competencias fundamentales para la vida en comunidad, como el respeto, la solidaridad, la responsabilidad y el trabajo en equipo.

Para Sandra, uno de los mayores logros ha sido comprobar cómo la experiencia musical contribuye a romper dinámicas de exclusión social:  “Los niños y las niñas empiezan a creer que realmente pueden cumplir sus sueños”.

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Una comunidad que crece a través del arte.

El impacto de Son das Flores trasciende las paredes del centro educativo. Uno de los cambios más significativos ha sido la creciente implicación de las familias en la vida escolar, una participación que posteriormente se traslada a la vida comunitaria.

En un contexto donde muchas familias migrantes encuentran dificultades para participar debido a barreras laborales o lingüísticas, el proyecto ha generado espacios de encuentro que han favorecido la creación de redes de apoyo entre personas de diferentes nacionalidades.

La diversidad cultural, lejos de entenderse como una dificultad, se convierte en una riqueza educativa. Acciones como la incorporación de canciones en ucraniano o wolof, lengua hablada en Senegal, contribuyen a visibilizar y valorar las distintas culturas presentes en la comunidad.

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La idea de pertenencia está presente incluso en el nombre del proyecto. En gallego, “son” significa sonido, por lo que Son das Flores puede traducirse como “el sonido de las flores”, en referencia al barrio donde nació la iniciativa. Sin embargo, el equipo del proyecto también juega con un segundo significado: el de sentirse parte de una comunidad.

Más allá de la inclusión, Sandra explica que el objetivo es que cada niño y niña pueda decir con orgullo: “Soy de las Flores. Pertenezco a este barrio”. Ese sentimiento quedó reflejado en una actuación celebrada al finalizar el primer curso. Tras preguntar al alumnado qué había significado Son das Flores para ellos, una niña senegalesa tomó el micrófono y respondió: “Para mí, Son das Flores lo fue todo”. “Son das Flores llena sus vidas”, recuerda Sandra.

Crecer sin perder el rumbo.

El crecimiento del proyecto ha abierto nuevas oportunidades. Son das Flores ha participado en programas de gran visibilidad como Got Talent España, ha actuado en eventos como el festival PortAmérica, forma parte de la Red Música Social a nivel nacional y colabora con organizaciones educativas y sociales dentro y fuera de Galicia.


La iniciativa también ha contribuido a cambiar la percepción del propio CEIP Vicente Risco. Gracias a la visibilidad alcanzada, el centro ha logrado poner sobre la mesa algunas de sus necesidades estructurales y atraer la atención de instituciones y de nuevas familias interesadas en su proyecto educativo.
Sin embargo, los desafíos continúan. A pesar de los reconocimientos obtenidos, la financiación sigue siendo una de las principales preocupaciones. Como explica Sandra, asegurar la sostenibilidad del proyecto exige dedicar tiempo y recursos a la búsqueda de financiación, una tarea difícil de asumir cuando la prioridad diaria es mantener viva la iniciativa y atender las necesidades del alumnado.

“Acercamos la música al barrio, y la música actuó”

Cinco años después de su nacimiento, Son das Flores continúa demostrando que una iniciativa surgida para responder a una necesidad concreta puede llegar a transformar la realidad de todo un barrio. Entre reconocimientos, conciertos y desafíos, el proyecto mantiene intacto su propósito inicial: ofrecer oportunidades a través de la música.

Quizás por eso, cuando se le pregunta qué consejo daría a quienes desean impulsar iniciativas similares, Sandra responde sin dudar:

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“El camino es difícil y hay momentos en los que dan ganas de tirar la toalla, pero hay que volver siempre al norte y recordar siempre el objetivo: cubrir una necesidad y ofrecer oportunidades que pueden cambiar vidas”. 

Son das Flores es hoy mucho más que una orquesta. Es el reflejo de cómo la educación, la cultura y el compromiso comunitario pueden abrir caminos donde antes parecía haber límites.

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