En el Movimiento 4.7 lo tenemos claro: la reforma de la profesión docente que impulsa el Ministerio de Educación es nuestra oportunidad de oro. No es solo un debate técnico; es el momento de decidir qué modelo de país queremos construir desde las aulas. Por eso, hoy presentamos nuestro posicionamiento estratégico para conseguir que la Educación para el Desarrollo Sostenible y la Ciudadanía Global (EDSCG) deje de ser un deseo y se convierta en el eje estructural de nuestro sistema:
«Reconocemos la importancia de la ciudadanía global, pero es ahora cuando debemos dar un paso más y traducir los principios en medidas concretas. Esta reforma es la mejor ocasión en años para alinear nuestros fines educativos con las políticas que los hacen posibles», afirma nuestro compañero Eduardo Ochoa de Aspuru Gutiérrez, del equipo coordinador.
La educación como un derecho, no como un trámite.
Para nosotras, la educación no es neutra. Es un derecho humano y un bien común que debe garantizarnos una sociedad más cohesionada. Por eso, defendemos que esta reforma debe ser transparente y abrirse a la participación de toda la comunidad educativa y la sociedad civil.
Como bien señala nuestra compañera Lucía Rodríguez (Entreculturas e Incidencia del Movimiento 4.7): «No podemos limitarnos a ajustes administrativos. Necesitamos una visión a largo plazo que sea coherente con los retos futuros. Es una decisión estratégica de país».
Somos una red diversa —41 organizaciones y 44 profesionales— unidos por un compromiso innegociable con la Agenda 2030. Sabemos que lo que se decida hoy condicionará la calidad educativa de las próximas décadas.
Estamos cansados de declaraciones de intenciones que no aterrizan en la realidad. Aunque existe un amplio consenso social sobre la necesidad de una educación basada en la justicia social y la sostenibilidad, esta visión debe ser explícita en la formación de nuestros maestros y maestras.
Nuestra hoja de ruta: del consenso a la acción.