En un contexto marcado por desafíos globales cada vez más complejos, como la crisis climática, las desigualdades sociales o los movimientos migratorios, la educación adquiere un papel fundamental en la construcción de sociedades más justas, democráticas y sostenibles. En este escenario, la formación inicial del profesorado cobra una relevancia especial, ya que las futuras personas docentes serán quienes acompañen a las nuevas generaciones en la comprensión crítica de una realidad cada vez más compleja, cambiante e interconectada.
Desde la perspectiva de la Educación para el Desarrollo Sostenible y la Ciudadanía Global (EDSCG), la formación docente debe ir más allá de la adquisición de conocimientos y competencias técnicas, promoviendo también la reflexión sobre el papel transformador de la educación. Con el objetivo de profundizar en esta cuestión, conversamos con el profesor Miguel Ángel Martín Blanco, docente de Teoría e Historia de la Educación en la Universidad de Salamanca. Además de su labor universitaria, impulsa espacios de divulgación y reflexión educativa a través del podcast La Voz de la Educación, donde aborda cuestiones relacionadas con la educación, la ciudadanía, la participación y los retos contemporáneos de la enseñanza.
Su experiencia permite reflexionar sobre cómo formar docentes comprometidos con la participación, la ciudadanía global y la transformación social. Y nosotras no hemos perdido la oportunidad, para preguntarle y conocer algunos de sus puntos de vista que aquí te compartimos:
¿Cómo te definirías como docente?
En mi caso concreto, como docente universitario que imparte clase en Magisterio, trato de ser coherente con los aspectos curriculares que están asociados a mi área de conocimiento: Teoría e Historia de la Educación. En ese sentido, trato de seguir los principios establecidos por lo que se denominó hace más de un siglo la Escuela Nueva y que inspiró experiencias tan determinantes para el progreso social y cultural de España como la Institución Libre de Enseñanza y la Escuela Moderna.
A este respecto, considero fundamental que todo proceso educativo parta de un clima de complicidad entre el estudiantado al que imparto clase y yo mismo, como docente. Sobre esta base, actúo con el convencimiento de que la experiencia educativa -también en la Universidad- no se puede limitar a lo puramente memorístico y trabajo por que el espacio y tiempo de aprendizaje que comparto junto al estudiantado sea un espacio y tiempo de participación social y de colaboración humana.
A partir de aquí, comenzamos a situarnos en diferentes escenarios (dinámicas, discusión de textos, proyectos de equipo, prácticas de campo) sobre los que les ofrezco un aparato conceptual con el que poder estructurar su modo de pensar respecto a qué tipo de maestras/os quieren ser y de qué modo consideran que deberían transformarse o reorganizarse las instituciones educativas en función de sus ideales sociales.
¿Qué formación inicial quieres para tu alumnado, y futuras personas docentes?
Al hilo de lo anterior, considero fundamental que entiendan que la formación universitaria no se limita a la obtención de un título con el que posteriormente podrán ejercer de maestras/os. La Universidad, al menos la pública, debe ser un espacio de interacción social alrededor de la cultura y de la construcción de conocimiento. En ese sentido, trato de que mis asignaturas sean un espacio experimental en el que las/os estudiantes se planteen seriamente qué tipo de educadores quieren llegar a ser y qué tipo de sistema escolar consideran como más deseable. A partir de ahí, trabajamos en diferentes técnicas y principios pedagógicos con los que mejorar sus destrezas: la radio, el cómic, el diario de clase, la gamificación, la expresión artística, etc. De forma complementaria abordamos aspectos de relevancia en la actualidad como la educación emocional, la interculturalidad, la ciudadanía global, los derechos humanos o la alfabetización digital.
¿Cómo a través de esta experiencia (podcast) consigues promover la ciudadanía global entre tu alumnado?
A través de las dinámicas de radio-podcast, trato, por un lado, de dar voz al estudiantado para que -más allá de la propia asignatura- se exprese sobre aspectos que le preocupan de su formación, del sistema educativo o de qué tipo de maestras/os quieren llegar a ser. En ese sentido, trabajamos algo tan básico en cualquier sociedad democrática como es la libertad de expresión.
Por otro lado, desde el plano formativo, pretendo que perciban la radio como una herramienta didáctica con la que pueden mejorar la expresión oral de su futuro alumnado, favoreciendo así su alfabetización. Porque, al contrario de lo que solemos pensar, alfabetizar no sólo es aprender a aplicar de manera mecánica un conjunto de reglas lingüísticas, sino que sobre todo es aprender a encontrar nuestra voz a través de una determinada lengua para así poder expresar nuestros pensamientos, lo que sentimos y nuestros sueños.
Entender la alfabetización desde este punto de vista nos conecta con la «Pedagogía del oprimido», de Paulo Freire, que entendía que la educación no debía servir para domesticar, sino para liberar. Hoy, tanto en nuestra sociedad como en el mundo en general, existe aún mucha opresión. Ahora bien, si quienes la sufrimos no tenemos la capacidad para identificarla y verbalizarla, corremos el riesgo de seguir cautivos en nuestra propia caverna. De ahí el triunfo de discursos como la «prioridad nacional» con los que, lejos de entender las causas que nos empobrecen como sociedad, buscamos chivos expiatorios a nuestra insatisfacción vital.
Cuando implementas un proyecto, y tienes éxito o percibes que tiene un potencial transformador, docentes y alumnado empiezan a...
Cuando esto ocurre, la presión por las notas desaparece, porque lo importante no sólo es medir el grado de aprendizaje a través de un examen final, sino que se valora todo un proceso para el que hay que entrenarse. Además, se abre un espacio de colaboración entre estudiantes y docente, porque pensar por proyectos significa -en la mayor parte de casos- trabajar en equipo. Y, por último y no menos importante, se afronta el proceso evaluatorio de un modo alegre, porque no se trata únicamente de «medir» o «cuantificar» conocimientos, sino de compartir lo que cada uno ha creado. En ese sentido, al igual que muchos de las y los referentes de la Escuela Nueva, creo que paulatinamente debemos desterrar la cultura del examen que clasifica y cosifica al alumnado, y sustituirlo por pruebas que promuevan la implicación y colaboración en diferentes retos y desafíos locales y globales. Hay muchos campos en los que intervenir y el conocimiento que se encierra en nuestros libros debe cobrar vida.
Las reflexiones de Miguel Ángel Martín Blanco ponen de manifiesto el potencial de la formación inicial del profesorado como un espacio desde el que promover una educación comprometida con la participación, el pensamiento crítico y la transformación social. Su experiencia muestra que formar docentes implica mucho más que transmitir conocimientos o metodologías; supone también acompañar la construcción de una identidad profesional capaz de construir su propia voz, leer la realidad, cuestionarla y actuar sobre ella.
En este sentido, su testimonio dialoga con algunas de las preguntas que atraviesan la investigación impulsada por el Movimiento 4.7 en torno a la Educación para el Desarrollo Sostenible y la Ciudadanía Global en la formación inicial del profesorado: cómo preparar a las futuras personas educadoras para responder a los desafíos de un mundo interdependiente, cómo fortalecer su capacidad de agencia y cómo construir experiencias formativas conectadas con la realidad. Para ello, Miguel Ángel nos presenta algunas propuestas que van desde la gamificación para abordar los procesos migratorios, el desarrollo de escape rooms para recuperar la “memoria democrática”, o los podcast como un espacio para construir el diálogo.
Por último, queremos enfatizar en este último recurso, podcast, como una herramienta valiosa para fomentar el diálogo y la reflexión educativa. Sin embargo, las herramientas para hacerlo son múltiples y adoptan formas diversas, en función de los contextos de cada comunidad educativa. Más allá del recurso concreto, lo importante es generar oportunidades para que el alumnado participe, exprese sus ideas y se implique en la comprensión de los desafíos contemporáneos. En este sentido, iniciativas como La Voz de la Educación muestran cómo la reflexión educativa puede trascender las aulas y enriquecer el debate social: https://www.ivoox.com/podcast-voz-educacion_sq_f12851857_1.html
Si entendemos que la agencia transformadora del profesorado comienza a construirse desde las aulas universitarias, resulta inevitable plantearnos una cuestión de fondo: ¿educamos únicamente para formar profesionales de la enseñanza o para acompañar a quienes contribuirán, desde la educación, a cambiar el mundo?