El Colegio Arboleda no entiende la educación como algo que ocurre únicamente dentro del aula. Este centro andaluz, que acompaña las etapas de Infantil, Primaria y ESO, lleva más de diez años impulsando proyectos vinculados a la educación ambiental que, con el tiempo, evolucionaron hacia una mirada más amplia de transformación social, participación comunitaria y aprendizaje significativo. A día de hoy, el APS es parte fundamental del pilar de innovación educativa de su proyecto de centro.
Conversamos con Antonio Rodríguez Baena, orientador y profesor del centro, quien nos compartió parte de este recorrido y sus reflexiones en torno a todo este proceso.
Aprender haciendo.
En el Colegio Arboleda, el aprendizaje parte de la experiencia, la investigación y la conexión con problemas reales. El objetivo es que el alumnado participe, cuestione, investigue y encuentre sentido a lo que aprende. “El Aprendizaje-Servicio (ApS) y la investigación permiten que el alumnado construya su propio aprendizaje”, afirma Antonio. “Los docentes no les enseñamos; los guiamos a descubrir”.
El centro trabaja mediante metodologías activas y proyectos interdisciplinarios donde distintas asignaturas se unen alrededor de una misma problemática social o ambiental. “También intentamos que haya colaboración entre niveles educativos, favoreciendo por ejemplo que los mayores vayan a cursos de primaria a trabajar con los más pequeños, dependiendo de lo que se trabaje”.
Proyectos que dejan huella.
La trayectoria del colegio está llena de iniciativas que conectan educación y transformación social. Entre ellas destacan proyectos que han sido finalistas en los Premios Nacionales de ApS: Odeseate (2020), Solidarios y saludables (2021), Hay alternativas (2022), Proyecto Sáhara, Reutilizando por la Paz (2023) y Entre el Pensamiento y la Fuerza de las Mujeres (2024 y 2025).
Asimismo, han impulsado iniciativas de gran impacto como el Festival Flamenco 360º, campañas de donación de sangre y proyectos de reutilización de ropa y dispositivos móviles. Destaca también su trabajo en red con entidades de referencia como el Banco de Alimentos, Enfermeras Referentes Escolares y la Fundación Vicente Ferrer, entre otras.
Todos estos proyectos tienen algo en común: nacen de la realidad y terminan generando impacto tanto dentro como fuera del aula.
Cuando el alumnado toma la palabra.
Uno de los aspectos más destacables del proyecto educativo del Colegio Arboleda es la participación real del alumnado. El centro cuenta con espacios donde niños, niñas y jóvenes pueden proponer temas, expresar inquietudes y participar activamente en las decisiones del colegio. Salud mental, sostenibilidad, convivencia o participación ciudadana son algunos de los temas que han surgido directamente de estos espacios de escucha.
El alumnado no solo participa: lidera, investiga, debate y construye opinión propia. Desde el centro consideran que el aprendizaje más significativo ocurre cuando lo trabajado conecta con la realidad y deja una huella emocional y vivencial.
“Muchas veces nuestros objetivos como docentes cambian cuando permitimos la participación estudiantil” – reflexiona Antonio. “Pero hay que permitirlo”.
Educar así también implica “desaprender”.
Aunque el proyecto hoy está consolidado, el camino no ha sido sencillo. Uno de los mayores retos ha sido romper la idea de que este tipo de metodologías significan “más trabajo”. “Existe la idea errónea de que es más trabajo, cuando en realidad es otra manera de organizar la enseñanza”, explica Antonio.
Otro desafío importante ha sido concientizar primero a las personas adultas: docentes y familias. Desde el centro reconocen que para trabajar desde una mirada ecosocial es necesario que quienes acompañan al alumnado comprendan la importancia de estas metodologías y las integren realmente en su forma de educar.
A esto se suma la necesidad de mantener un equilibrio entre el compromiso social y el rigor académico. Desde el centro insisten en que el ApS no es una actividad extraescolar ni de ocio y tiempo libre, sino una metodología pedagógica sólida que transforma la manera de aprender.
“La educación no es neutral”, afirma Antonio, explicando que existe una responsabilidad de ayudar al alumnado a pensar, investigar y construir su propia opinión ante la situación social, política y ambiental que vive el mundo actual.
Nadie transforma en solitario.
Gran parte del éxito de los proyectos del Colegio Arboleda ha sido posible gracias al trabajo en red. Lo curioso es que nunca fue algo completamente planificado; muchas de sus alianzas surgieron de manera natural. Un proyecto llevaba a otro, una actividad conectaba con una organización y esa relación terminaba abriendo nuevas oportunidades para el alumnado y la comunidad.
El centro ha colaborado con organizaciones como Madre Coraje, Ecologistas en Acción, Ayuntamiento de Sevilla, plataformas vecinales, entidades sociales y colectivos ambientales.
Además, participar en premios y encuentros también les ha permitido dar visibilidad a sus proyectos, conectar con otros centros educativos, seguir creciendo colectivamente y, como él mismo menciona, “hacer movimiento”.
“Hay que exponerse a nuevos retos”
Antonio reconoce que, en medio de la realidad social y ambiental actual, la educación no puede quedarse de brazos cruzados. Por eso invita a atreverse a hacer cosas nuevas, dejarse sorprender por el proceso y exponerse constantemente a nuevos retos junto al alumnado.
El camino puede presentar desafíos, pero su consejo es claro: “usar los recursos disponibles, conectar con otras personas, ser flexibles y confiar en el poder de las redes y la comunidad”.