Cuando pensamos en enseñar sostenibilidad en las aulas, ¿se nos viene a la cabeza cerrar los grifos, reciclar y apagar las luces en casa? Hoy tenemos la oportunidad de compartir nuestra conversación con el IES Prado de Santo Domingo, un instituto público de Alcorcón (Madrid), con motivo de su Reconocimiento como centro educativo sostenible otorgado por el Ministerio de Educación en 2023. Hablamos con Manuel Sosa Alonso, profesor y coordinador de su proyecto Escuela Sostenible, que nos ha compartido la trayectoria del IES en su labor hacia una educación comprometida con la sostenibilidad desde una perspectiva realista y conectada con la realidad de sus estudiantes.
Un reto al que muchos centros educativos españoles se enfrentan a la hora de iniciar un camino hacia una educación transformadora comprometida con la sostenibilidad, es hacerlo desde contextos en ocasiones poco favorables, comenzando por las propias instalaciones del centro educativo, en muchos casos antiguas y que favorecen poco iniciativas de reducción de consumo energético, reciclaje, u otras medidas.
«Un centro que trabaja la sostenibilidad es algo más que un centro que sea tecnológicamente sostenible. Este (el del IES Prado de Santo Domingo) es un formato estándar de la periferia de Madrid (…) construido con materiales de baja calidad. Entonces, transformarlo por esa vía es muy complejo y nosotros lo hemos hecho solo parcialmente instalando paneles fotovoltaicos. Es el trabajo humano lo que debe tener más relevancia. (…). Somos un centro con el típico patio de pavimentos duros con poca sombra, el más frecuente en muchos lugares de la Comunidad de Madrid, y nos planteamos cómo convertirlo en instrumento para el aprendizaje de la sostenibilidad: lo hemos enriquecido de biodiversidad en muchos lugares, hemos intentado ampliar los espacios de sombra, restaurar los bancos, hacer más visibles los espacios donde suelen haber conflictos entre los alumnos en los recreos… compatibilizando la parte ecológica de la sostenibilidad con la parte social.”
El Reconocimiento como Centro Educativo Sostenible en 2023, contribuyó a afianzar la autonomía del proyecto en un momento crítico, precisamente cuando la formación y el acompañamiento por parte de las instituciones públicas suelen cesar “es habitualmente el momento en el que los proyectos mueren”.
» ¿Más resistencias? pues es cierto que a veces es más difícil enganchar a personas, a compañeros, no se encuentran complicidades y afinidades pero han sido las menos y no han sido un motivo de desfallecimiento del proyecto. Creo que para aquellas personas que se inician en esto, deben de ser conscientes de que eso va a ocurrir, pero que queda contrarrestado con los liderazgos que asumen otros compañeros. Nosotros hemos calculado un porcentaje de actividades que planificamos y realizamos, y llevamos a cabo un 80% de ellas; creo que eso es razonable.» nuestra identidad como centro.»
Y es que, al final, lo más importante es cómo enfocamos el cuidado del medioambiente. Desde hace décadas nos acercamos a la enseñanza de las ciencias ambientales, el cuidado del planeta y el cambio climático insistiendo en sus causas físicas y soluciones lejanas, globales. Esto genera reacciones apáticas: «esto no va conmigo» o, peor aún, una profunda sensación de impotencia, «es un mundo injusto donde no puedo participar». Pero la perspectiva cambia significativamente cuando el alumnado no solo escucha hablar de la reducción de gases de efecto invernadero, sino que su propio centro mide y audita sus emisiones. Este tipo de acciones concretas implican sostenibilizar el centro y su funcionamiento, lo que incluye una gestión integral de residuos y la producción de energía renovable, transformando el aprendizaje en una experiencia viva y tangible. Muchos de los procesos del instituto son ambientalmente responsables y cabe destacar que la dinámica del centro los ha internalizado, su funcionamiento lo ha asumido:
«La gestión de residuos ha mejorado muchísimo. No solo los residuos urbanos, que son similares a los que puede haber en una casa. Somos un centro de formación profesional con ciclos de automoción y procesos sanitarios donde hay muchas pequeñas fábricas que generan residuos muy complejos. Ahora todos los gestionamos desde la normativa y con una eficiencia muy buena. Compostamos casi toda la totalidad de la materia orgánica, que se usa para el huerto del instituto. Hay conceptos ambientales muy claros entre los alumnos como la huella de carbono, la huella hídrica… porque muchos procesos que estudiamos están relacionados con esos conceptos. Hay muchos frentes que tenemos abiertos que hay que transformar pero es verdad que si lo comparamos con hace 4 años, ha cambiado mucho.”
Partir de experiencias cercanas como las que Manuel nos cuenta es la clave. Mostrando que no se trata solo de lo que hagan los gobiernos, sino de lo que podemos lograr nosotros mismos, en nuestras realidades más próximas, generando un impacto palpable, en este caso en la realidad educativa. Además, Manuel destaca cómo la actual LOMLOE es una aliada, facilitando enormemente la tarea de integrar la sostenibilidad en el corazón del currículo. La ley “transpira la idea de sostenibilidad”, lo que ha simplificado mucho el trabajo para que los procesos de enseñanza-aprendizaje en el aula sean, por sí mismos, un ejemplo de sostenibilidad.
«La mayor fortaleza es que el equipo de profesores involucrado ha sido bastante grande y bastante diverso. Por ejemplo, en la selección inicial que tuvimos los profesores, según un sesgo que muchas veces se tiene, la sostenibilidad y los problemas ambientales son básicamente problemas científicos, (en su comienzo) éramos todos profesores de ciencias. Con el transcurso y con el avance del proyecto nos hemos enriquecido con profesores de ciencias sociales, de humanidades: ámbitos muy distintos. Formamos un grupo muy interdisciplinar con muchos puntos de vista. Ya que esta entrevista está orientada hacia otros centros y compañeros que puedan empezar con experiencias similares, por ejemplo, creo que algo muy importante es que las cuestiones de sostenibilidad y los problemas ambientales deben ser abordados desde las humanidades porque (…) los problemas ambientales son básicamente problemas sociales y la solución está en el conocimiento de las personas, en las relaciones entre las personas que están en el presente, de las que estarán en el futuro, que van a estar detrás de nosotros… y eso lo avalan las humanidades (…). Otra fortaleza que hemos tenido son los alumnos. Como ocurre con los adolescentes, hemos encontrado alumnos a los que esto les da igual porque sus perspectivas son más cortoplacistas, y hemos tenido y tenemos alumnos que se involucran mucho en esto, en las experiencias de aprendizaje que hemos planteado en torno a esto, han aportado ideas… «
Pero la cosa no se queda solo entre las paredes del centro. Un pilar fundamental para este instituto es el trabajo en red. El IES Prado de Santo Domingo ha comprobado el impacto que tiene su labor, por qué debe trascender su propia comunidad educativa, buscando lazos con otros agentes locales comprometidos con la misma causa. En el caso de la Formación Profesional del IES, esto se ha cristalizado en colaboraciones fluidas con empresas, otros centros y diversos colectivos. Incluso forman parte activa de la Red de Escuelas Sostenibles de la Comunidad de Madrid. Otro ejemplo es el Congreso de Emergencia Climática de IES que organizaron el curso pasado, una iniciativa preciosa nacida de la colaboración entre centros de Alcorcón. Fue un congreso donde los propios centros compartieron sus vivencias y, lo más potente, ofrecieron a sus alumnos un espacio real para que expresaran sus ideas, sus angustias y sus esperanzas sobre el cambio climático.
«Nosotros por ejemplo invertimos 60.000 euros en una instalación fotovoltaica que tenemos. Más del 50% de la electricidad que el centro consume es de autoproducción. Suena genial y lo cuentas en clase y suena muy bien. ¿Pero cómo se involucra el alumnado en esto? Esa es una de las vías de trabajo que debemos tener, educar y contribuir a aprender. Lo realmente importante es el día a día del aula, del pasillo, del patio, de los agentes que están ahí todos los días, es el personal de limpieza, es la jefatura de estudios, es toda la comunidad educativa. Encontrar ideas nuevas y agentes nuevos es necesario”.
Lo que el IES Prado de Santo Domingo nos deja claro es un ejemplo contundente: la sostenibilidad en un centro no se mide solo en placas solares o edificios totalmente acondicionados para la sostenibilidad. La verdadera transformación surge del trabajo humano y el compromiso de la comunidad educativa. Ha dejado de ser suficiente quedarnos con enseñar soluciones superficiales como el reciclaje, los procesos de calentamiento. Es momento de transformar los centros educativos en todas sus facetas, de la mano de equipos interdisciplinares, construyendo y afianzando redes de apoyo mutuo con centros cercanos e instituciones locales.
“Yo creo que no hay que plantearse grandes objetivos que puedan resultar intangibles y generen decepción en los alumnos, sino muchos objetivos y retos pequeños que son los que generan sensación de avance. Son los que hacen que el proyecto siga vivo y siga incidiendo en los procesos internos del centro. La mayor incertidumbre de un proyecto así es el cambio de los profesores implicados, por un lado porque las plantillas cambian mucho de curso en curso, especialmente en los centros públicos, y por otro lado porque son responsabilidades añadidas muy exigentes que deben ir rotando. Es necesaria la renovación de los liderazgos; es lo que en nuestro instituto estamos haciendo ahora mismo y es positivo para mantener las acciones que funcionan y para que haya un influjo de ideas nuevas.”
Nuestra entrevista con Manuel es una llamada a la acción desde lo cercano. Demuestra que la clave está en sumar fuerzas desde todas las áreas del conocimiento, haciendo de la sostenibilidad algo palpable en el día a día del aula, el pasillo y el recreo. Porque, al final, la verdadera revolución no está en las grandes cumbres, sino en los pequeños gestos que empoderan a cada alumno/a, a cada profesor/a.