¿Educamos para acompañar a quienes cambiarán el mundo?

Desde hace algún tiempo tenemos dos ideas que nos rondan la cabeza en relación al rol docente y su agencia para promover y acompañar cambios sociales: 

  • El cambio no inicia en el aula, sino que se construye desde la formación inicial de quienes son las futuras personas docentes, por ende, el curriculum no debe ser una propuesta estanca, sino por el contrario lo suficientemente flexible para recoger y responder a los retos locales y globales que enfrentamos; y
  • Enfrentamos una serie de transformaciones multisistémicas que nos llevan a pensar ¿Cómo podemos acompañar a las futuras personas educadoras para que vinculen en su ejercicio docente la interdependencia y corresponsabilidad en la construcción de un mundo más justo?

De estas ideas, surge la pregunta que has encontrado al iniciar a leernos ¿Educamos para acompañar a quienes cambiarán el mundo? Seguramente cada una de las personas que hemos llegado hasta aquí tendremos nuestra propia respuesta en la que podremos coincidir o diferir; también podemos pensar que es una pregunta bastante ambiciosa, pero no es lo suficientemente retador nuestro contexto para hacerla; o por el contrario ni siquiera te planteas esta pregunta porque ya la tienes incorporada en tu práctica docente.

Para nosotras, la base de esta pregunta se encuentra en la ciudadanía global y su apuesta por abordar la educación transformadora como un derecho y bien común. Así, que con el objetivo de reforzar a las personas docentes y educadoras que conciben la educación desde esta mirada, pero también de brindar otras miradas para el profesorado que tiene inquietudes, te contamos algunas rutas que vamos visionando.

Estas rutas nacen del diálogo y compartir de experiencias con profas y profes de los grados de educación que han conseguido conectar el ejercicio docente y la realidad socioeducativa a través de la Educación para el Desarrollo Sostenible y la Ciudadanía Global (EDSCG). En detalle, estas rutas posibles son:

  • Ensanchar las paredes del aula: una educación transformadora no  comienza únicamente en las escuelas, también se construye desde el aula universitaria; por ende, un imperativo debería ser conectar la formación docente con la realidad.

Las futuras personas docentes pueden aprender acerca de la ciudadanía global desde lo conceptual, pero su comprensión se refuerza a través de metodologías experienciales y transformadoras que incentivan la vivencia, el conocimiento del territorio, el diálogo con las comunidades y la implicación en su cotidianidad.  

  • Los planes curriculares y las guías docentes también pueden ser espacios de transformación: si bien, tanto los planes como las guías guardan cierta rigidez administrativa y giran alrededor de un conjunto de conceptos y temarios a abordar; no podemos dejar de lado el rol docente.

Si el profesorado cuenta con la formación específica, la creatividad y, especialmente, la voluntad o deseo por incorporar la EDSCG se abre una ventana de oportunidades para su transversalización. Desde esta base, la EDSCG no es una temática o metodología concreta, sino una forma de entender y hacer que tiene el potencial de aportar una mirada crítica y global a los retos actuales que no caben facilmente en un currículo fragmentado o en asignaturas desconectadas.   

  • Investigar para transformar la práctica educativa: la investigación guarda una relación directa con la innovación pedagógica, tenemos el llamado a superar el reto de la investigación centrada en la producción académica tradicional, virando hacia una investigación que ponga en el centro la reflexión sobre nuestras propias prácticas docentes, la generación de conocimiento colectivo o los propios procesos de enseñanza – aprendizaje en tiempos como los actuales. 
  • La universidad como un ecosistema en diálogo: la universidad aparece como un espacio fragmentado, pero la realidad es que la EDSCG invita, y demanda, la construcción de procesos colectivos e institucionales que permita a un profesorado comprometido no recorrer este camino en soledad.

Indudablemente este diálogo ocurre a diferentes niveles y requiere: i. Ser una apuesta construida y respaldada desde las facultades; ii. Favorecer la articulación entre profesorado y asignaturas independientemente de su vinculación a una facultad concreta de tal manera que consigamos romper las fronteras discplinares; y iii. Tejer relaciones con ONGD y otros agentes comunitarios que permitan por un lado acercar la realidad al aula, a la vez que el profesorado en formación desarrolla su capacidad de agencia para construir una comunidad educativa mucho más corresponsable, interconectada y promotora de cuidados.

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